Mi turno

Lloré como un niño y a menudo me emociono aún cuando me acuerdo. No le conocí en persona, algo que lamento profúndamente; de hecho, hasta pasado un tiempo, no supe cómo se llamaba. Qué nombre y hombre había detrás de aquel nick; quién estaba moderando un foro donde nos conocimos todos virtualmente.
Poco a poco, y de la manera más fácil y sencilla, fuí descubriendo quién era y cómo era: una gran persona, con un corazón que no le cabía en el pecho, amante de los animales, con un sentido del humor realmente envidiable, honesto así como fiel y coherente con sus ideas y pensamientos.
Estoy completamente seguro que, al igual que todos nosotros (así como su familia) le echamos de menos, igualmente le echarán de menos los niños con Síndrome de Down, a los que dedicaba todo su esfuerzo, cariño y dedicación. Esto sólo dice mucho de él, creo yo, además de otras muchas virtudes.

No quiero ser demasiado extenso, por lo que abreviaré: Muchas gracias por haber compartido tu tiempo con todos nosotros, gracias por haber dejado que aprenda de tí, gracias por tu optimismo y tu honestidad. Sé que desde el cielo nos seguirás leyendo y cuidando de todos nosotros. Y, aunque te echemos mucho de menos, permanecerás con nosotros porque siempre que nos acordemos de tí, vivirás con nosotros; siempre que oiga una canción de Pink Floyd (que sé que te gustaba), estarás conmigo; siempre que vea un perro, me acordaré de tí (y te aseguro que siempre veo uno, porque tengo mi Yorky en casa).
Hasta siempre, José Luis.
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